sábado, 21 de junio de 2014

EL ÁNGEL Y LOS JÓVENES Por: Nabonazar Cogollo Ayala

EL ÁNGEL Y LOS JÓVENES
Por: Nabonazar Cogollo Ayala

Dos muchachos entablaban una charla
A la luz del sol muriente de la tarde…
El crepúsculo doraba con alarde
De lumínica presencia aquella sala.
Y el recuerdo se tornaba en algazara
En gracejo vuelto risa y ocurrencia…
¡Cuántas cosas hizo pícara inocencia
Al calor de la aventura que alcanzara!
-¿Tú recuerdas?... dijo Octavio con premura
Aquel día que ensuciamos el tapete
Con el agua del servicio… ¡Qué deleite!
¡Tu mamá casi nos mata en su bravura!
-¡Uy fue bueno! ¡Qué aventura tan traviesa!
La supera aquella otra del garaje…
Cuando un día nos untamos con potaje
Al lanzarnos salsa roja y mayonesa…
Y seguían evocando mil diabluras
Los rapaces con acento divertido…
Risotadas resonaban al latido
Del vivir que cosas buenas asegura.
Más en esas que llegó… ¿Quién era este?
Un muchacho muy extraño y atrayente…
Se veía envuelto en luz resplandeciente
Parecía aquel lucero del nordeste.
¡Son las risas el destello de las almas
Que al vibrar cantan de Dios las maravillas!
Mas no obstante pueden ser  las habladillas
De lo malo que recuerda sus andanzas.

-¿Quién es este? ¿Cómo entró? ¡No hay puerta abierta!
-Tal no importa, dijo en tono convincente
El muchacho que al hablar alzó su frente
Como  el sol que nace al filo de la cuesta.
¡Nuestros padres son la luz de vieja aurora!
Troncos recios que al unirse dieron vida…
Al renuevo que cual rama florecida
Brota y crece hacia la altura en nueva hora.
¿Por qué hay burlas del trabajo y sufrimientos
Que causaron a mamá funestos hechos?
¿O se sienten investidos con derechos
De hacer daño con insanos sentimientos?
Soy un ángel, el lucero mañanero
Que visita con la luz de nueva ciencia
De los chicos del colegio la conciencia
En procura de los frutos del esmero…
Si hubo un día un hecho malo y traicionero
Que a los padres les trajera sufrimiento.
Mi deber es dar la luz del pensamiento
Recto y puro en el sentir de aquel renuevo.
-¡Ángel puro! Nuestra risa no era daño
Y tan solo pretendimos divertirnos…
Al recuerdo de esos hechos compartidos
Tiempo atrás, pasados días, mes y año.
Si al oírnos tú pensaste en cruel amaño
¡No tomaste en su sentido verdadero
Nuestra risa y carcajada! Ve primero
El auténtico sentir sin que haya engaño.
Jovenzuelo… ¡No pretendas engañarme!
Cual engañas a tus padres y maestros…
Con sentidos retorcidos y siniestros
¡Soy el ángel de la idea feliz gendarme!
Mil mentiras a tus padres sabes darles
Con maltrechas intenciones y conciertos…
Has gastado su dinero en los entuertos
De tus tantas travesuras azotables.


Mira un poco en tu interior, ve tu conciencia
Que te dice… ¡Ya no más! ¡No más mentiras!
El amor que en tu sendero te dio vida
Tú lo explotas a tu modo y conveniencia.
Sé, muchachos, que en las calles hay violencia
Hay peligros que  a los jóvenes incautos
Los persiguen procurando mentecatos
Que se dejen envolver en su apariencia.
Mil peligros las esquinas les deparan
Desde droga que ofrecida va al garete
Atrapando al jovencito que promete
Convertirse en vendedor de nueva cara.
Hasta el tráfico de armas callejeras
Que te ofrecen la bondad de las pandillas
¡Falsas vidas que prometen maravillas
Al muchacho que en los males persevera!
En las redes de internet males doquiera
Se consiguen sin cuidado ni premura…
Hay quien busca jovencitos en procura
De ofrecerles nueva droga que libera.
Otros más van fomentado el satanismo
O la trata de personas a otras partes…
¡Dios eterno! De los males hay baluartes
Que acechando van a jóvenes y niños.
¡Sí ángel puro! Lo tenemos bien sabido
En las redes no hallas cosas muy virtuosas…
Más nosotros no caemos en las cosas
Detestables que nos salen al camino.
¡Con la fe del Dios paterno y amoroso
Proseguimos el camino hacia la vida…
Aunque el mal que va acechando nos convida
Al abismo que se muestra pavoroso.
¡Pues muchachos! ¡Adelante decididos
En procura de un destino muy cristiano!
No se burlen de ese padre veterano
Que les traza un rumbo firme en el camino…
¡Con la frente muy en alto un gran destino
Hallarán entre los libros y la ciencia!
Cultivando con valores su conciencia
Como Cristo con amor les reconvino.

Y esto dicho el ángel se hizo fumarola
Y una estela luminosa fue a los vientos…
Los muchachos con un triste sentimiento
Se dijeron… ¡La verdad nos dio su ola!
¡Con sus voces de verdad en santa hora
Este ángel nos trazó feliz jornada…
¡Nunca más nos burlaremos de quien nada
Malo ha dado, pues es ser que nos adora.
De esta forma los muchachos nueva vida
Avistaron por el ángel al momento…
Y un magnífico y hermoso sentimiento
En el alma renació fortalecida…

Si del mundo nos acechan tantos males
Los valores del cristiano nos defienden.
La familia es árbol fuerte que propende
Por el bien hecho oración, hecho raudales.

Madrid (Cundinamarca)
Junio 13 de 2013




sábado, 14 de junio de 2014

CARPE DIEM Por: Nabonazar Cogollo Ayala


CARPE DIEM
Por: Nabonazar Cogollo Ayala

Aprovecha tu tiempo,
Aprovecha tu día…
Que nunca regresa
Y agota tu vida.
Aprovecha el momento
Que corre imparable
Y gasta el vivir
De tu vida inefable.
Que nunca jamás
Un momento vivido
Se diga fue en balde
Se diga perdido.
Construye el mañana
En tu espléndido ahora
Que forma tu vida
Con luz formadora.
Aprovecha la luz
Del minuto que corre
Pregúntate ¿qué hice?
¿Aprendí cosas nobles?
Extrae de la vida
La esencia exultante
Que te hace ser libre
Y feliz cada instante.
Si eres feliz o infeliz
Tú decides…
Vivir cada día
Feliz te hace libre.
No olvides llenar
Plenamente el minuto
De grata existencia,
Cual sano tributo.
A la libertad,
al vivir esmerado
Que te hace vivir
Como un ser consagrado.
Aprovecha tu tiempo
Aprovecha tu día
Que te hace vivir
Con feliz alegría.

Madrid (Cundinamarca), octubre 27 de 2013

domingo, 8 de junio de 2014

A LA BANDERA DE BUENAVENTURA Por: Nabonazar Cogollo Ayala


A LA BANDERA DE BUENAVENTURA
Por: Nabonazar Cogollo Ayala
                                                                                                   
El sol pinta en el ocaso con destellos color oro
La bandera de mi puerto, evanescente bicolor…
Con sus rayos de tersura es la grandeza y el honor
Del sentir bonaverense, que es magnífico tesoro.

La entrevió Polo Valencia en la riqueza que yo adoro,
De este puerto donde cantan las sirenas con amor.
De esta tierra bendecida, donde un verde encantador
Es riqueza exuberante, como un cántico sonoro.

¡Crecerás Buenaventura y en Colombia serás grande!
Con la fuerza de tu pueblo que te impulsa y que se expande
En procura de un mañana progresista en el confín.

Tu bandera lo pregona remontándose en la altura
De tu cielo iridiscente que laureles asegura
Y que traza un fiel sendero cual triunfante serafín.

Diciembre 19 de 2013
Madrid (Cundinamarca)

 

domingo, 1 de junio de 2014

¿CERETÉ? ¿Y ESO DÓNDE MIERDAS QUEDA? Por: Nabonazar Cogollo Ayala (Crónica)

PARQUE ANTONIO NARIÑO, CERETÉ, CÓRDOBA, COLOMBIA

No es que el dinero en sí sea malo. No, él es bueno para fines nobles.
Pero a menudo el Libro y el dinero son bastante incompatibles,
en virtud de que el dinero mal concebido, tiende a esclavizar y la lectura a liberar

Manuel Santiago Palencia Caratt
(historiador cesarense)
In memoriam

Corría el mes de diciembre del año 1997 y en el seno de la Asamblea Departamental del Cesar se venían dando fuertes y acalorados debates en torno a la eventual aprobación del recién seleccionado Himno del Cesar, cuya convocatoria se había dado por parte del Instituto Departamental de Cultura y Turismo, desde el mes de octubre del mismo año, durante la vigencia del gobierno seccional del gobernador Mauricio Pimiento Barrera[1]. ¿A qué se debían los debates? De 17 obras enviadas de distintos lugares del Cesar y del resto de Colombia, fue escogida por unanimidad de los 4 jurados integrantes el himno escrito por Nabonazar Cogollo Ayala y musicalizado por el maestro Manuel Avendaño Castañeda (q.e.p.d.). La indignación e inconformidad de parte de algunos diputados de la Asamblea obedecía a que ninguno de los dos autores del Himno del Cesar, eran oriundos de esta parte de Colombia. El ilustre maestro, pianista y organista Manuel Avendaño Castañeda (ciego de nacimiento) era oriundo de la Ciudad del Sol y el Acero, Sogamoso (Boyacá). Mientras que el profesor Nabonazar Cogollo Ayala -quien esto escribe-,  era oriundo de Cereté (Córdoba), la ilustre Capital del Oro Blanco a orillas del tradicional caño Bugre, aunque con una larga residencia en Bogotá, desde 1987; lo que a los ojos de los cesarenses más recalcitrantes lo convertía indefectiblemente en “cachaco”.

-¿Cómo así? ¡La tierra de los cantores y vallenatos tendrá un himno no hecho por un vallenato! ¡Eso no puede ser! ¡Ni más faltaba!
Decían a grito herido las voces de la indignación regional… Otros más atrevidos y ofensivos rezongaban:
-¡Ese es el himno cachaco!

En medio de esta batahola, quien defendía el Himno del Cesar, Cogollo-Avendaño, a brazo partido ante la Asamblea Departamental del Cesar, micrófono en mano y con la labia a flor de piel, era el maestro e historiador Manuel Palencia Caratt (q.e.p.d.), dueño de un cultivado verbo literario que lo llevaba  a expresarse con elevadas y a veces incomprensibles figuras literarias, dada su indeclinable afición a las bellas letras.

Dicho sea de paso el historiador Manuel Santiago Palencia Caratt era oriundo de Barranquilla, pero se había residenciado en Valledupar  desde la década del 50 y había logrado un cierto protagonismo en el mundillo cultural local desde los tiempos en que su hermano, el abogado e historiador Ernesto Palencia Caratt detentara la gobernación (a título de gobernador encargado del Cesar), por nombramiento del entonces gobernador titular Alfonso López Michelsen[2]. Esto se dio del 22 de mayo de 1975 al 5 de junio del mismo año. Los hermanos Ernesto y Manuel Palencia Caratt fundaron en Valledupar la Academia de Historia del Cesar en 1970, en la cual el maestro Manuel ejerció sus labores de orientador y guía de consultantes durante más de 30 años.

Retomamos el relato original: el maestro Manuel Palencia Caratt había tomado la vocería de la mesa del Jurado Calificador en el concurso Himno del Cesar[3], 30 años, con que se buscaba celebrar a la altura el trigésimo aniversario de la creación departamental, aquel emblemático 21 de diciembre de 1967. En uno de los tres debates en torno a la aprobación oficial del himno Cogollo-Avendaño, se dieron los siguientes pormenores, que me fueron relatados de forma directa por el maestro Manuel Palencia Caratt y que trataré de reproducir con la mayor objetividad y fidelidad histórica posible en lo que sigue:

“Aquel día ya habíamos hecho sonar por los altoparlantes del recinto de la Asamblea del Cesar el Himno del Cesar, ganador en la convocatoria nacional. Hubo toda clase de reacciones una vez que el himno concluyó. Unos diputados aplaudieron emocionados y dijeron:

-¡Ese es el Himno del Cesar! ¡Lo apoyamos!
Otros dijeron…
-¡No! ¿Cómo va a ser ese el Himno del Cesar? ¿Cómo es posible que una persona que nunca haya pisado el Cesar sea el autor de nuestro himno?
Entonces yo les refuté (Manuel Palencia Caratt):
-¡Cállense que ustedes de eso no saben nada, so ignorantes! Esas estrofas están muy bien hechas y hablan puntualmente de nuestra realidad y de nuestra cultura e historia. ¿Qué el autor no es del Cesar? Pues no lo será, pero es hasta más costeño que nosotros mismos, porque el Cesar no tiene costas y él es de una tierra que sí las tiene… ¡Él es de Cereté!
Entonces el diputado de Chimichagua (Cesar), José Ismael Namén Rapalino[4], dijo lo siguiente:

-¿Cereté? ¿Y eso dónde mierdas queda?
-¿Cómo que no lo sabe? ¡Cereté es la segunda ciudad de Córdoba, centro agroindustrial de importancia! ¡No les digo que son unos ignorantes! ¡Ni siquiera conocen la geografía de los departamentos costeños de Colombia, carajo! ¡Estudie! ¡Vaya a la Academia que allá yo mismo le enseño!

La presidenta de la Asamblea, la abogada Esther Cristina Canales, hacía desesperados esfuerzos por poner orden en el recinto de la duma  departamental, lo cual finalmente logró, bajo estrictas advertencias de vetar el derecho de intervención a los más altisonantes, si persistían en el tono irrespetuoso. Una vez terminado el último debate reglamentario del himno, se procedió a la votación y el himno Cogollo-Avendaño fue reconocido oficialmente mediante la ordenanza departamental # 046 de diciembre 21 de 1997 como Himno del Departamento del Cesar. Los insultos y salidas en falso empezaron a ser cosa del pasado”.

Posteriormente, cuando el maestro Manuel Palencia Caratt en amena tertulia a la sombra de una fresca tarde valduparense, en la terraza de su casa, me refiriera el hecho a manera de anécdota risible del pasado, no pude menos que sentir un regusto amargo en la garganta, aun cuando ya el hecho hubiera sido ampliamente superado. Unas discretas lagrimillas de tristeza asomaron a mis ojos y para mis adentros me dije…

-¡Hasta insultaron a mi bella ciudad, Cereté! Exalté con mi pluma a la excelsa tierra del Cesar y la incomprensión de algunos pocos me pagó con agravios a lo que más amo en la vida… Aun así los perdono, que no sea yo sino Dios quien los juzgue. Soy y me considero cesarense por adopción, bogotano y cundinamarqués por adopción también, aunque jamás renunciaré a mis orígenes cereteanos. Cereté es y será la cara tierra de mis ancestros, de mi niñez y de mi juventud. Por definición soy colombiano  y amaré y defenderé por siempre hasta el último rincón de mi patria, así no haya yo nacido allí. ¡Perdónalos Dios mío porque no saben lo que hacen!

El ilustre maestro Manuel Palencia Caratt falleció el 18 de enero del año 2013, a la edad de 84 años en la matriarcal ciudad de Valledupar (Cesar), víctima de un paro cardíaco. La sociedad valduparense perdió a uno de los grandes baluartes académicos de la región. Dejó tras de sí el enorme legado de una vida dedicada a la enseñanza y la difusión de la cultura, con espíritu abierto y desinteresado. Bien se lo puede considerar como el padrino de bautismo del Himno del Cesar, que ya cumplió 17 años de haber sido estrenado y que se corea en los 25 municipios del Cesar, como un canto afirmativo de la cesareidad, sin asomo de duda. Dios bendiga y acoja en su gloria eterna el alma del maestro Manuel Santiago Palencia Caratt, hoy y siempre.
Madrid (Cundinamarca)
Mayo 31 de 2013
nacoayala@gmail.com


[1] Fue electo popularmente como gobernador del Cesar para el periodo comprendido entre el 1° de enero de 1995 y el 1° de enero de 1998.
[2] Cf. GOBERNACIÓN DEL CESAR. Cesar 30 años de progreso: 1967 – 1997. Eds. Guadalupe. Bogotá (Colombia), 1997. Pág. 48
[3] Los 4 jurados del concurso Himno del Cesar en 1997, fueron: el compositor Gustavo Gutiérrez Cabello; el historiador Manuel Palencia Caratt; el director musical Ariel Pérez Monagas; el director de la Sinfónica de Barranquilla, Salvador Emilio Montoya. Cf. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-713127. 31/05/14
[4] Hermano del cantautor vallenato Camilo Namén Rapalino, autor del Encuentro con el Diablo, Recordando mi niñez, Las canas de mi vieja, Mi gran amigo y otros bellos cantos costumbristas más. 

CIÉNAGA DE ZAPATOSA - DEPARTAMENTO DEL CESAR (COLOMBIA)






sábado, 31 de mayo de 2014

LA HISTORIA DE LA CANCIÓN EL CORDOBÉS Por: Nabonazar Cogollo Ayala

EL NABO COGOLLO EN EL CABALLO DELIRIO

Canta pinto blanco, hazle honores a tu raza
Y que te acompañe el nazareno de la cruz…
¡Pelea como sabes tú, haz de tu pata una metralla!
¡Para que sepan en la valla, como pelean los del Sinú!

Desde los ya lejanos días de mi niñez crecí escuchando este clásico de la música de acordeón en la tierra cordobesa, de la autoría del compositor de San Jacinto (Bolívar), Adolfo Pacheco Anillo, quien se lo compusiera a mi padre, a cambio de un gallo fino de la cría de gallos de pelea que mi papá entonces tuviera y que era de fama en la región. La historia como se la escuché referir alguna vez a mi papá, es la siguiente, enriquecida con elementos de posteriores entrevistas y con dato documentales:

Corría el año 1963 y el acordeonero de San Jacinto, el señor de la cumbia y el lamento,  Andrés Landeros Guerra recorría la sabana con su acordeón terciado al hombro, acompañado en esta ocasión por Adolfo Pacheco, quien entonces era joven. Era el mes de febrero y en Cereté se celebraba la tradicional fiesta de la virgen de la Candelaria, que congregaba a toda la población en torno de las celebraciones religiosas y populares. Landeros y Pacheco se dirigieron entonces al Club Gallístico donde entraron en contacto con los grandes galleros de Cereté, entre ellos con Nabo Cogollo, quien sobresalía entre todo el personal con su personalidad imponente y su indeclinable don de mando. Corrían los ríos de “Tornillo”, es decir, de Ron Córdoba, la bebida popular de los sinuanos, al tiempo que se pactaban las apuestas y los gallos, esos gladiadores emplumados –como dijera el poeta cereteano Raúl Gómez Jattin-. El nombre populachero del Ron Córdoba le venía dado por la forma helicoidal de su botella. Una vez Landeros y Pacheco se abrieron paso entre la multitud, apretujada en el recinto cubierto de techo pajizo y hechas las presentaciones de rigor, los tres hombres acordaron participar de una parranda en la finca de Nabo, “La Florida”, ubicada a la orilla de la carretera entre Cereté y San Pelayo, en la margen izquierda, a 3 kilómetros de Cereté. La parranda fue proverbial y duró varios días, como era costumbre en mi casa. Dice Adolfo Pacheco Anillo en la entrevista que le concediera al periodista barranquillero Ernesto Mcausland, lo siguiente:

El cordobés fue un gallo de color pinto blanco que me regaló Nabonazar Cogollo, Nabo Cogollo en Cereté… Yo componía al principio, me fui con Andrés Landeros a Cereté, en una parranda de esas largas que hacía Nabo, y…y él me dijo, muy chabacanamente…

-Landeros cree que yo soy sordo porque se la pasa diciéndome en los discos… ¡Óyelo Nabo Cogollo! ¿Estás oyendo, Nabo Cogollo?
Entonces yo le dije…
-Hombe, yo te hago una canción…
¿Cómo?... ¿Usted hace canciones?
-Sí…
-Yo he oído mentar…
- A cambio de que me regales un pollo fino de esos que tienes ahí en tu gallería… Y me dice…
-¡Se lo lleva!
-Entonces yo a la próxima parranda, cuando ya hice, le avisé… le avisaron, entonces él organizó otra nueva parranda con sus amigos y yo le llevé la canción. Al principio la recibió como toda una canción así rara…
-¡Eso es poesía! -Me dijo Nabo!-... Eso es como poesía… ¿No tiene otra?
-No…
-¡No, está bien así! Está buena…
Total que la comenzamos a ensayar y ya al octavo día de parranda o décimo día de parranda, ya le iba gustando. Entonces la mandaba cada rato… ¡El gallito! Me decía… ¡Tóqueme El gallito! ¡Tóqueme El gallito!
-Nabo… ¡Yo lo puse el cordobés! ¡Tóqueme El gallito! [1]
Adolfo Pacheco se llevó aquel valioso gallo que Nabo Cogollo le había regalado, de su afamada cría gallística en Cereté. Mi padre, evocando aquel ejemplar de su cría y decía lo siguiente en su viejo libro de cuentas (del cual sobreviven unos fragmentos), en la letra cursiva de elegante estilo inglés que lo caracterizaba…
“Hijos del Patasuave, con la gallina jabaíta del Chevo, (nacieron) 4 pollos diseñados con un balazo en (el) ala izquierda…”[2]

Ernesto Mccausland entrevistó a mi padre en 2007, en su parcela El hatico, en las afueras de Cereté (vereda de La Pozona), en cuyo video el entrevistado anotaba lo siguiente, sobre el gallo el cordobés…

-De esos gallos salió un gallo viejo que nosotros lo pusimos el Patasuave, que se cansó de matar gallos, que él nunca tuvo estado. Y ese gallo peleó aquí y en todas partes, en Cúcuta, en Bucaramanga, en el Valle… Y ese fue el pa´e del pollo ese… (el cordobés) ¡Yo lo puse a amansar! La gallina se la fui a comprar al doctor Matera, allá en (la hacienda) Canaguay…[3]

El gallo de Adolfo Pacheco tuvo mal fin y fue derrotado por un poderoso y pendenciero gallo que le atravesó el pulmón con la espuela, cegando para siempre su preciosa existencia. Pero quedó la inmortal canción que lentamente fue conquistando el sentir de las gentes en Cereté y todo el departamento de Córdoba, quizás por lo sentido y emotivo de sus estrofas, hasta llegar a ser considerado un clásico de la música popular sabanera de acordeón. Homobono Venerando Cogollo Guzmán, popularmente conocido como Nabo Cogollo, partió a las regiones de la eternidad en su natal Cereté, el 28 de noviembre de 2011, a la edad de 77 años, dejando tras de sí 7 hijos y un enorme acervo de anécdotas, correrías y andanzas, como quiera que fue un hombre proverbial en el mundo de los gallos, los caballos de paso fino colombiano y los vallenatos.

El Cordobés fue interpretada alguna vez en una caseta, en vivo, por el cantautor guajiro Diomedes Díaz Maestre (q.e.p.d.), en la década de los ochenta. Diomedes  no se la sabía del todo bien pero el público enloquecido hacia la media noche, le coreaba… ¡Canta el Cordobés, el Cordobés!  Y Diomedes se animó a cantarla, pero la letra se la iban soplando al oído, a media que avanzaba el tema. Fue por eso que esa interpretación se caracterizó por repetir una y otra vez los versos de cada estrofa, al principio, lo cual le gustó mucho a la gente. De esta manera Diomedes tomaba un aire de respiro, mientras le decían lo que seguía del texto…

Tiene bella estampa, ay…
Tiene bella estampa, tiene bella estampa…
Brioso pico estirador,
Como son los gallos y pollos de Cereté.
Y yo lo puse el Cordobés…
¡Nabo Cogollo bien lo sabe!
Que cuando pica un pata suave
Sangre en la valla ven correr.

Algunos asistentes grabaron esta lucida interpretación, la cual fue editada posteriormente en estudio de sonido y que se consigue en youtube actualmente. Es por ello que los seguidores del Cacique de la Junta han llegado a creer que el Cordobés era creación de Diomedes, lo cual es ciertamente un error.

El cordobés ha llegado a ser considerada una especie de himno popular en Cereté y fue una de las canciones triunfales con que fuera recibido el boxeador cereteano César Canchila, luego de obtener el fajín de campeón mundial minimosca en 2008, como quiera que este afamado pugilista afirma que al escucharla recibe una especie de descarga eléctrica, que quizás le venga de Dios mismo, porque el deportista es cristiano.  Miremos un aparte de la crónica periodística…

…a César Canchila le cayó la primera de dos descargas eléctricas sobre su cuerpo cuando oyó en los altoparlantes la voz de su ídolo Diomedes Díaz con parte de la segunda estrofa del paseo vallenato 'El Cordobés':

Tiene bella estampa, brioso pico estirador /

Como son los gallos y pollos de Cereté.
 

El boxeador de Cereté, la población cordobesa cercana a Montería, se identifica con esa canción. "Me despeluqué al escucharla", afirmaría dos días después a Alberto Agámez, integrante de su esquina la noche del 26 de julio pasado en Las Vegas (E.U.)[4].

De esta forma se han compilado y consultado  las diversas fuentes informativas en torno al ya legendario paseo vallenato El cordobés (1963), cuyo inspirador, Nabo Cogollo Guzmán, en el cielo y quizás en tremenda parranda vallenata con los ángeles, no se cansará de cantarlo una y otra vez, al tiempo que los cereteanos reafirmamos nuestro sentir identitario en torno de esos sencillos pero emotivos versos, que erizan la piel de solo escucharlos, porque nos hacen sentir más sinuanos y cordobeses que nunca.  

Madrid (Cundinamarca), febrero 5 de 2014
EL NABO COGOLLO CON UNA DE LAS POTRANCAS DE PASO FINO COLOMBIANO DE SU AFAMADA CRÍA (1983, APROX)



[1] MACCAUSLAND, Ernesto. Adolfo Pacheco y El cordobés. El compositor colombiano Adolfo Pacheco invitó al periodista Ernesto McCausland a su gallería "El tropezón", en Galapa, Atlántico. Allí, entre gallos de pelea, le contó la historia de "El cordobés", uno de los mejores vallenatos. Crónica realizada con la nueva Nikon D7000. Cámara y edición: Ernesto McCausland/ Entrevista: Ana Milena Londoño/ Sonido: Naty Parra/ Asistente: Jorge Rondón. Subido el 02/02/2012.
[2] COGOLLO GUZMÁN, Nabo. Libro de cuentas. (Fuente documental directa), pág. 63. 1962, 1963. (Aprox.)
[3] MACCAUSLAND, Ernesto. Nabo Cogollo. Aquí está el Señor Nabo Cogollo…el que le regalo "El Cordobés" a Adolfo Pacheco. Subido el 15/07/2007.
[4] http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-4424517. Publicación eltiempo.com. Sección Deportes. Fecha de publicación: 2 de agosto de 2008